Poco antes de dejar de llorar
recordo, sentada, sus manos prendidas,
olores de lavanda de lo que fue un pasado,
y trato de ver quien fuera, pero temerosa,
atino a ahogar en su baso cien penas.
Fuera un pilar de esta iglesia desolada,
añade, esperanzada, su corora de genciana,
y quiso ir a un pecho recondito, pero ni el resien
llegado la a resibido, ni los simples gorriones.
Pero antes del suspiro del alba, presintio ya pocos
domingos lugubres, el buen Jesus de sus labios,
su ebriedad de nuevas amapolas, y
llamo a las prendas blancas, les recordo su dicha
resiente, y saludo al nuevo sol ante el serco de añares,
poco antes de dejar de llorar, supo que seria feliz.
MR 26/2/11

No hay comentarios:
Publicar un comentario