Ella era su fiel oasis, su estanque de reflejos divinos, llegabase asia sus pies, otras noches, taciturnas, yla contundencia de sus monstruos, pero llebo un dia su tormenta y dejo su portada libre, una lectura que saben pronunciar los pasajeros, era todo su mundo consigo.
Ahora ya sus años depositados en el armario, miro con sus ojos marchitos, presintio un adios que casi nunca termina, asia el atico su infancia, los cuentos, de fabulas perdidas, de mieles abatidas, serraron los ojos, pero ahora sabran sus dedos.
MR 25/2/11

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