Un pueblo pequeño se hizo muy grande en mi
mente, una ventura incierta asta en las uñas, que,
ya no quiso esconder al esperar su matiz. Examine
sus caminos y luego envolvió su perfume de estío.
Me quise ir después y comprendí su dimensión, la
calendula no es de aquí y su torre al extremo acepte,
pero no eran de mí, deseé llevar sus simientes a este
lecho de musgos y harapos, instale su tibia historia
escondida en mi almohada, oh, si pudiera llegar
asta sus pórticos que fácil seria oprimir sus campanas,
el gentil sendero y asta su luna de lino oriental.
M.R. 12/8/12
