No conozco mujeres inteligentes, si el
friso de sus carnes. Sus lenguas, sepia,
lame el yerto cobre, y se como es el
aula de Baco, donde todas acuden.
La perla en mi mano, domadora, a donde
anidan las sirenas y de zancos otras
miserias, pero a golpes en las nueces y
luego el fruto pequeño y amargo.
No conozco sus llantos pero en su
ojos, la nieve están en sus párpados,
y ecatologicas evaden la virtud
andante, cuando un Cristo predica
sobre sus delgadas mentes.
No conozco mujeres inteligentes y se
como es el gélido viento del norte,
ya he visto el palor de sus auroras,
y ni los colores en estío... el cardumen
y el musgo, musgo indiscreto en sus
humedales. No conozco de sus
huellas, pero se por donde perdieron
sus almas.
M.R. 13/5/12

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