Sobre praderas de otoño, un día
se vierón sus pies, la Acasia supo
de su presencia, y ya no hubo
tiempo, le deseamos paz, y asta
tumbarse ante los Aster.
Una herida en su pecho, como
un yerto letrero, sus goticas marañas
ya casi eran duras, sus bellos que
antes brillaban, y con sin vida, aun
seguiran cresiendo cuando sea cadaber.
La dama aquella, siniestra mancha,
intacto por Dios busco sombra,
le cedio una lapida, le sonrio a la nieve
proxima, tomo el paño del invierno,
intento serrar sus ojos, pero
alcanzo a besar la muerte, ya no era
otoño, por ultimo, vio su blanco marmol
cubrir su lastimero cuerpo.
MR. 3/6/11.
se vierón sus pies, la Acasia supo
de su presencia, y ya no hubo
tiempo, le deseamos paz, y asta
tumbarse ante los Aster.
Una herida en su pecho, como
un yerto letrero, sus goticas marañas
ya casi eran duras, sus bellos que
antes brillaban, y con sin vida, aun
seguiran cresiendo cuando sea cadaber.
La dama aquella, siniestra mancha,
intacto por Dios busco sombra,
le cedio una lapida, le sonrio a la nieve
proxima, tomo el paño del invierno,
intento serrar sus ojos, pero
alcanzo a besar la muerte, ya no era
otoño, por ultimo, vio su blanco marmol
cubrir su lastimero cuerpo.
MR. 3/6/11.
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